miércoles, 10 de noviembre de 2010

La Sociedad del Espectaculo

LA NEGACION Y EL CONSUMO DE LA CULTURA

¿Viviremos suficiente para ver una revolución política? ¿
de estos alemanes? Amigo mío, usted cree lo que desea creer... Cuando se juzga
Alemania según su historia presente, no me discutirá usted que toda su historia está
falsificada y que toda su vida pública actual no representa el estado real del pueblo. Lea
los periódicos que usted quiera, convénzase de que no se deja de celebrar -y usted
admitirá que la censura no impide a nadie el dejar de hacerlo- la libertad y la felicidad
nacional que poseemos..."

La cultura es la esfera general del conocimiento y de las representaciones de lo vivido en la sociedad
histórica dividida en clases; lo que viene a decir que es el poder de generalización existiendo
como división del trabajo intelectual y trabajo intelectual de la división. La cultura se ha desprendido
de la unidad de la sociedad del mito, cuando "el poder de unificación desaparece de la vida del
hombre y los contrarios pierden su relación y su interacción vivientes y adquieren autonomía..."
(
un movimiento imperialista de enriquecimiento que es al mismo tiempo el ocaso de su independencia.
La historia que crea la autonomía relativa de la cultura y las ilusiones ideológicas sobre esta
autonomía se expresan también como historia de la cultura. Y toda la historia conquistadora de la
cultura puede ser comprendida como la historia de la revelación de su insuficiencia, como una marcha
hacia su autosupresión. La cultura es el lugar donde se busca la unidad perdida. En esta búsqueda de
la unidad, la cultura como esfera separada está obligada a negarse a sí misma.
La lucha entre la tradición y la innovación, que es el principio del desarrollo interno de la cultura de
las sociedades históricas, no puede proseguirse más que a través de la victoria permanente de la
innovación. Pero la innovación en la cultura es acarreada nada más que por el movimiento histórico
total que, al tomar conciencia de su totalidad, tiende a superar sus propias presuposiciones culturales y
va hacia la supresión de toda separación.

El impulso de los conocimientos de la sociedad, que contiene la comprensión de la historia como
núcleo de la cultura, toma de sí mismo un conocimiento sin vuelta atrás que se ha expresado por la
destrucción de Dios. Pero esta "condición primera de toda crítica" es también la obligación primera de
una crítica infinita. Allí donde ninguna regla de conducta puede ya mantenerse, cada
cultura la hace avanzar hacia su disolución. Como la filosofía en el momento en que ha conseguido su
plena autonomía, toda disciplina devenida autónoma debe desplomarse, en primer lugar en cuanto
pretensión de explicación coherente de la totalidad social, y finalmente incluso en cuanto
instrumentación parcelaria utilizable dentro de sus propias fronteras. La
cultura separada es el elemento que la condena a desaparecer, puesto que en ella la victoria de lo
racional ya está presente como exigencia.
resultado de lafalta de racionalidad de la
aparte,Diferencia entre los sistemas de Fichte y Schelling). Al ganar su independencia, la cultura comienza
Nosotros, los contemporáneos

PROLETARIADO COMO SUJETO Y REPRESENTACION

El derecho igualitario de todos a los bienes y placeres de este mundo, la destrucción de
toda autoridad, la negación de todo freno moral; he ahí, si descendemos hasta el fondo
de las cosas, la razón de ser de la insurrección del 18 de marzo y el programa de la
temible asociación que le ha suministrado un ejército."

El movimiento real que suprime las condiciones existentes gobierna la sociedad a partir de la victoria
de la burguesía en la economía, y lo hace visiblemente tras la traducción política de esta victoria. El
desarrollo de las fuerzas productivas ha hecho estallar las antiguas relaciones de producción y todo
orden estático se desploma. Todo lo que era absoluto se convierte en histórico.

Al ser lanzados en la historia, al tener que participar en el trabajo y las luchas que la constituyen, los
hombres se ven forzados a afrontar sus relaciones de una forma que no sea engañosa. Esta historia no
tiene otro objeto que el que ella realiza sobre sí misma, aunque la visión metafísica última
inconsciente de la época histórica pueda contemplar la progresión productiva a través de la cual la
historia se despliega como el objeto mismo de la historia. El
viviente produciéndose a sí mismo, convirtiéndose en dueño y poseedor de su mundo que es la
historia y existiendo como
Como una misma corriente se desarrollan las luchas de clases de la larga
época revolucionaria
inaugurada por el ascenso de la burguesía y el
pensamiento que ya no se detiene en la búsqueda del sentido de lo existente, sino que se eleva al
conocimiento de la disolución de todo lo que es; y en el movimiento disuelve toda separación.
pensamiento de la historia, la dialéctica, el

sujeto de la historia no puede ser sino loconciencia de su juego.

UNIDAD Y DIVISION

Una animada polémica nueva se desarrolla en el pais en el frente de la filosofía, en
relación a los conceptos "uno se divide en dos" y "dos se fusionan en uno". Este debate
es una lucha entre los que están por y los que están contra la dialéctica meterialista, una
lucha entre dos concepciones del mundo: la concepción proletaria y la concepción
burguesa. Los que sostienen que "uno se divide en dos" es la ley fundamental de las
cosas, se sitúan del lado de la dialéctica materialista: los que sostienen que la ley
fundamental de las cosas es que "dos se fusionan en uno" están contra la dialéctica
materialista. Ambos lados han dibujado una nítida linea de demarcación entre ellos y
sus argumentos son diametralmente opuestos. Esta polémica refleja en el plano
ideológico la aguda y compleja lucha de clases que se desarrolla en China y en el
mundo."
El espectáculo, como la sociedad moderna, está a la vez unido y dividido. Como ella, edifica su
unidad sobre el desgarramiento. Pero la contradicción, cuando emerge en el espectáculo, es a su vez
contradicha por una inversión de su sentido; de forma que la división mostrada es unitaria, mientras
que la unidad mostrada está dividida.

Es la lucha de los poderes que se han constituido para la gestión del propio sistema socioeconómico la
que se despliega como contradicción oficial, cuando corresponde de hecho a la unidad real; esto
ocurre tanto a escala mundial como en el interior de cada nación.

LA MERCANCIA COMO ESPECTACULO

La mercancía no puede ser comprendida en su esencia auténtica sino como categoría
universal del ser social total. Solo en este contexto la reificación surgida de la relación
mercantil adquiere una significación decisiva, tanto para la evolución objetiva de la
sociedad como para la actitud de los hombres hacia ella, para la sumisión de su
conciencia a las formas en que esa reificación se expresa...Esta sumisión se acrecienta
aún por el hecho de que cuanto más aumentan la racionalización y mecanización del
proceso de trabajo,más pierde la actividad del trabajador su carácter de actividad, para
convertirse en actitud contemplativa.

En ese movimiento esencial del espectáculo, que consiste en incorporarse todo lo que en la actividad
humana existía en
un valor exclusivo por su
enemiga, que tan bien sabe presentarse al primer golpe de vista como algo trivial que se comprende
por sí mismo, cuando es por el contrario tan compleja y está tan llena de sutilezas metafísicas,
mercancía
Éste es el principio del fetichismo de la mercancía, la dominación de la sociedad por "cosas
suprasensibles aunque sensibles" que se cumple de modo absoluto en el espectáculo, donde el mundo
sensible se encuentra reemplazado por una selección de imágenes que existe por encima de él y que al
mismo tiempo se ha hecho reconocer como lo sensible por excelencia.

estado fluido para poseerlo en estado coagulado como cosas que han llegado a tenerformulación en negativo del valor vivido, reconocemos a nuestra viejala.


MUNDIALIZACION Y UNIFORMIDAD

El sociólogo británico Anthony Giddens relata la experiencia de una amiga suya que estudia la vida rural en África. Hace algunos años ella estaba de visita en una aldea remota en donde haría su trabajo de campo. Una familia del lugar la invitó a una velada en donde la investigadora esperaba encontrarse con algunos entretenimientos locales. Pero para su sorpresa, la sesión era para ver en video la película Instintos básicos que en ese momento aún no se había estrenado en Londres. Los habitantes de aquel caserío africano verían la cinta de Sharon Stone y Michael Douglas antes que los espectadores de las salas británicas.
Con ese ejemplo Giddens describe la globalización contemporánea (Giddens, 2000: 19). Hasta hace poco las fronteras entre la dimensión local y la dimensión planetaria y entre la periferia y el centro estaban bien definidas. Ahora, de manera creciente, la expansión internacional de las industrias mediáticas ha vuelto realidad el sueño, que para algunos en más de un sentido también es desvarío, que delineaba Marshall McLuhan hace 35 años. Los productos de las industrias culturales más extendidas pueden ser consumidos en prácticamente cualquier rincón del planeta. Pero los flujos de la comunicación siguen siendo unilaterales. Cada vez tenemos acceso a más información pero el apabullante caudal de datos que recibimos todo el tiempo no necesariamente nos permite entender mejor lo que ocurre en nuestro entorno inmediato y en el planeta ni comprendernos mejor a nosotros mismos. Sin lugar a dudas es un lujo y es parte de nuestro acceso a la civilización contemporánea traer a Sharon Stone (aunque sea en video, ni modo) hasta la sala de nuestra casa. Pero así como podemos tener la fortuna de elegir esa cinta, los establecimientos de video en nuestros países están repletos de chatarra que consumimos con cierta sensación de aturdimiento y difuminación de nuestras capacidades críticas.
Las grandes empresas mediáticas de origen y capital fundamentalmente estadounidense no toda la culpa de la mala calidad de los productos culturales que hoy circulan por el mundo. Pero tampoco son precisamente inocentes en la conformación de ese mercado. Los recursos más poderosos de la industria de los medios suelen ponerse en juego para mostrarnos como novedad eminente de cuyo consumo no podemos prescindir, a infinidad de productos de escasa o nula calidad independientemente de cuál sea el parámetro con el que se les mida. Una de las consecuencias apreciables de la globalización, como le consta a la amiga de Mr. Giddens, es la capacidad de esas industrias mediáticas para uniformar, al menos en algunos casos, los gustos culturales de sociedades muy diversas. En todo el mundo vemos las mismas películas y en ocasiones también los mismos programas de televisión. Pero las naciones con tradiciones e instituciones culturales de mayor densidad cuentan con experiencia, contexto y voluntad para equilibrar con productos propios los bienes mediáticos trasnacionales.
En Ecuador las películas estadounidenses constituyeron el 99.5% de todos los filmes importados en 1991. En Venezuela la cintas producidas en los Estados Unidos pasaron del 40% al 80% entre 1975 y 1993 respecto de todas las que se importaron en ese país. En Bolivia aumentaron del 44.4% al 77% entre 1979 y 1995. En México del 40% al 59% entre 1970 y 1995. En Costa Rica del 60% al 96% entre 1985 y 1995 (UNESCO,1999).
En Francia, según la misma fuente, el cine estadounidense ocupó el 57% de la cinematografía extranjera importada en 1995; en Alemania el 68% ese mismo año. Las películas de ese origen fueron el 76% en 1993 en Grecia; el 55% en España en 1995; el 60% en Suiza en 1992. Estas cifras no nos dicen nada nuevo pero confirman no sólo la preponderancia de los productos mediáticos estadounidenses sino, junto con ello, la capacidad de las naciones de mayor desarrollo económico y cultural para diversificar el origen de los bienes mediáticos que consumen.
No existen estudios capaces de pormenorizar qué sociedades en cada país, o qué sociedad planetaria si es que la hay, se están creando al compartir la contemplación de las mismas series de televisión y la misma cinematografía. Pero el sentido común y la constatación de idiosincrasias que se mantienen nos permiten reconocer que a pesar de mirar y sufrir los mismos mensajes, nuestras sociedades siguen estando definidas por sus peculiaridades nacionales y culturales.
La televisión se ha mundializado pero no por ello tenemos aldea global. Para el sociólogo chileno José Joaquín Brunner: "Puede decirse que la globalización está transformando contínuamente las relaciones entre el centro y la periferia, así como las propias percepciones de sí mismo y los otros dentro de ambos mundos. En eso consiste, justamente, la posmodernidad; en una cultura no canónica, hecha de combinaciones inverosímiles" (Brunner, 1999: 161). No discutimos aquí la idea de posmodernidad que algunos, a diferencia de Brunner, pretenden establecer como un nuevo paradigma de desparpajo individual y de opiniones transideológicas, pero sí queremos insistir en el carácter abierto a numerosas combinaciones, interpretaciones y apropiaciones que alcanza la cultura contemporánea -seguramente la zona de fronteras más movedizas y de retroalimentaciones más abundantes entre los centros y las periferias-.
Los jóvenes de Singapur, Bilbao, San Salvador o Los Ángeles, compartirán comportamientos parecidos al mirar un mismo video en MTV pero la manera de apreciarlo e interiorizarse en él estará condicionada por su entorno cultural, social y nacional. Y también es desigual la oportunidad para más allá de la contemplación, ser ellos mismos actores de los medios. La posibilidad de un grupo musical integrado por jóvenes de Los Ángeles para aparecer en esa televisora es mucho mayor que la de un grupo de muchachos de Vietnam. Pero tecnologías como el video y ahora desde luego la Internet ofrecen la posibilidad de propagar globalmente expresiones y enfoques que antaño jamás iban más allá del ámbito local.
La mundialización mediática modifica las maneras de percibir la dimensión local y regional, de la misma forma que altera los alcances tradicionales de la dimensión nacional y la dimensión mundial. Los asuntos y acontecimientos en cada uno de esos planos no necesariamente se modifican por el hecho de ser conocidos en sitios en donde antes no se hablaba de ellos. Pero la percepción de esos y el resto de los asuntos y acontecimientos sí tiende a ser distinta.
La globalización, que en buena medida es un proceso mediático, nos permite reconocer semejanzas pero no por ello quedan abolidas las peculiaridades y diferencias que distinguen a nuestras sociedades. Tampoco se cierran las brechas entre los países. La velocidad e incluso la inmediatez de las comunicaciones junto con la creciente intensidad de los flujos migratorios están contribuyendo a disolver las fronteras nacionales, al menos con los rasgos que hasta ahora se les han conocido. Pero paradójicamente las fronteras creadas por la disparidad económica, lejos de suavizarse, en ocasiones se vuelven más ásperas debido al desigual acceso a los recursos mediáticos y tecnológicos.
La relación hasta ahora conocida entre "centro" y "periferia" se trastorna radicalmente entre quienes en sitios distintos comparten el uso e incluso el consumo de modernos recursos mediáticos. Es difícil hablar de periferia y centro para referirse a países, o a regiones, en donde se miran los mismos videos y se "bajan" los mismos programas informáticos de la Internet. Pero en cada uno de esos sitios hay algunos pocos ciudadanos con posibilidades de acceso a esos bienes culturales y muchos más que no tienen y quizá jamás tendrán oportunidades semejantes.